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Month: October, 2014

– Mitos y realidades sobre los medicamentos biosimilares.

Mitos y realidades sobre los medicamentos biosimilares.

César Hernández-Garcíaa,

a Jefe de Departamento de Medicamentos de Uso Humano, Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios, Madrid, España.

Reumatol Clin. 2014;10:351-2. – Vol. 10 Núm.06 DOI: 10.1016/j.reuma.2014.06.009.

Artículo

El Comité de Medicamentos de Uso Humano (CHMP) de la Agencia Europea de Medicamentos emitió en junio del 2013 una opinión positiva para la autorización de Remsima®e Inflectra®, 2 medicamentos biosimilares de Remicade®. Las opiniones, las noticias y los artículos en las revistas científicas y en lo que viene a ser llamado prensa del sector han sido numerosísimos en este último año. Sin embargo, ese mismo mes de junio, la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios autorizó 107 medicamentos genéricos sin que se levantara ninguna polvareda. Para cuando se emitió la opinión positiva del CHMP sobre Remsima® e Inflectra®, ya había 13 medicamentos biosimilares más autorizados por la Comisión Europea. Nada de ello había generado tanta expectación como la autorización de estos 2 últimos biosimilares. ¿Qué ha motivado que este último año se hayan incrementado las noticias y reuniones sobre los medicamentos biosimilares?

En 2008, 3 de los 10 medicamentos más vendidos en Europa eran medicamentos biológicos. Cinco años más tarde, 8 de los 10 medicamentos más vendidos en Europa son medicamentos biológicos. A la cabeza de ellos, los anticuerpos monoclonales utilizados en reumatología, dermatología, enfermedad inflamatoria intestinal y varios tipos de cáncer. Prácticamente todos ellos perderán el periodo de exclusividad de aquí al año 2020. Un mercado que, globalmente, supone una cifra de 73 billones de dólares estadounidenses (más de 55.000 millones de euros) según el IMS1. Ello ha generado un creciente interés en disponer de medicamentos biosimilares de todos ellos y, de hecho, existen 39 medicamentos biosimilares en diferentes fases de desarrollo en este momento. Pero también, de forma esperable, un cierto interés en que no haya tal disponibilidad. En este debate se mezclan, a menudo, argumentos e incertidumbres científicas, posiciones regulatorias que necesariamente evolucionan a la luz de los conocimientos, elementos presupuestarios, puntos de vista interesados y desinteresados, en definitiva, mitos y realidades sobre los que intentaremos arrojar alguna luz.

Todos los medicamentos, para ser autorizados por las agencias de medicamentos, tienen que demostrar calidad, seguridad y eficacia. Cuando el medicamento es nuevo, esta demostración exige un desarrollo completo (ensayos clínicos fases i, fase ii y fase iii). Cuando el medicamento es conocido, una vez expirados los periodos de patente y protección de datos a los que tienen derecho, el desarrollo de nuevos medicamentos con el mismo principio activo puede apoyarse en los datos ya conocidos del medicamento innovador. Para los principios activos de síntesis química, estos medicamentos se llaman genéricos y en su desarrollo clínico basta con que demuestren, mediante estudios de bioequivalencia, que alcanzan las mismas concentraciones plasmáticas que el innovador para asumir que su eficacia y seguridad es la misma. Es este desarrollo abreviado, y no la aplicación de estándares de calidad subóptimos, lo que les permite salir al mercado con un precio más barato. Aunque inicialmente fueron también objeto de debate, nadie discute hoy en día responsablemente la existencia de medicamentos genéricos.

En el caso de los medicamentos biológicos, el ejercicio de comparabilidad es distinto2. Un medicamento biológico es un medicamento que contiene uno o más principios activos fabricados o derivados de una fuente biológica. Los principios activos de los medicamentos biológicos son más grandes y más complejos que los de los medicamentos no biológicos. Se suele decir que en este caso «el proceso (de fabricación) es el producto», tratando de indicar que es la combinación completa de los datos de calidad, preclínica y clínica la que da como resultado un producto individual. Es por ello que, tanto su complejidad como la forma en la que se fabrican, pueden dar como resultado un cierto grado de variabilidad en las moléculas de un mismo principio activo, especialmente en diferentes lotes de un mismo medicamento. Para hacernos una idea, un medicamento innovador que haya ido introduciendo variaciones en su proceso de fabricación ha estado obligado a demostrar este ejercicio de comparabilidad consigo mismo a lo largo del tiempo para mantener su autorización.

Un medicamento biosimilar es un medicamento biológico que se desarrolla para ser similar a otro medicamento biológico que ya está autorizado y, por tanto, basando parte de su desarrollo en lo que ya se conoce del medicamento innovador3. Un medicamento biosimilar no es lo mismo que un medicamento genérico, ya que estos medicamentos tienen estructuras más simples y es fácil asegurar que son idénticas a las de los medicamentos de referencia. Sin embargo, el principio activo de un biosimilar y su medicamento de referencia es la misma sustancia biológica, aunque pueda haber diferencias menores por su propia naturaleza compleja y los mecanismos de producción. Hay que insistir en que esta variabilidad existe tanto para medicamentos biológicos innovadores como para sus biosimilares.

En algunos países emergentes con sistemas regulatorios más laxos que el europeo se ha generado una proliferación de medicamentos biológicos no innovadores en estos mercados, que ha sido aprovechada por los detractores de los biosimilares para atacar a aquellos que sí han sido autorizados en un entorno más estable y regulado. Todos hemos oído hablar alguna vez, como una amenaza, del «enbrel chino» (los oncólogos del «trastuzumab chino»). Es muy importante advertir de que no hablamos aquí de este tipo de productos, sino más bien de productos autorizados por aquellos mismos expertos y con aquellas mismas reglas que se aplicaron en su día (y se siguen aplicando) a los medicamentos innovadores. Y fabricados por laboratorios solventes e implantados en la Unión Europea. Por tanto, para que un medicamento biosimilar sea autorizado tiene que haber quedado probado que la variabilidad inherente a todo medicamento biológico y cualquier otra diferencia con respecto al innovador no tienen ningún efecto sobre la seguridad y eficacia del producto. Cuando el medicamento biosimilar está autorizado, se usa generalmente a la misma dosis y para tratar las mismas enfermedades que el innovador al que hace referencia. Si hay precauciones especiales con respecto al innovador, también son aplicables al biosimilar. Los requerimientos para la autorización de biosimilares son muy estrictos4, 5, 6 y su propia novedad ha hecho que su autorización sea mucho más lenta que la de otros medicamentos innovadores similares.

Por lo tanto, cuando ya se han autorizado, las agencias de medicamentos garantizan que entre el innovador y el biosimilar no existen diferencias significativas de calidad, seguridad o eficacia. En este sentido, no cabría buscar ventajas de uno sobre el otro en estos aspectos. Obviamente, al tratarse de un desarrollo abreviado, el biosimilar puede salir a un precio más bajo que el innovador, y esta es la principal ventaja, la de permitir una competencia en precios que, en la mayor parte de las ocasiones, no se produce con medicamentos que tienen un desarrollo completo.

Solventadas estas y algunas otras dudas sobre los biosimilares, el mayor escollo termina siendo el de la intercambiabilidad y la sustitución. ¿Qué ocurre con los pacientes que ya están tratados con un medicamento biológico y aparece un biosimilar en el mercado? Aquí no es exactamente igual que con los medicamentos genéricos, en los que se garantiza razonablemente su intercambiabilidad y sustitución. Los medicamentos biológicos están en la lista de medicamentos no sustituibles. ¿Quiere ello decir que no se puede cambiar de uno a otro? No exactamente. De hecho, los médicos cambian de un medicamento biológico a otro sin que hasta la fecha se hayan detectado mayores problemas asociados. Ocurre que esto hay que hacerlo caso a caso y siempre muy pegado al paciente. No hay experiencias ni datos de cuáles serían las consecuencias de cambios o sustituciones masivas de unos medicamentos biológicos por otros en cortos periodos. Sin embargo, es esperable que un buen número de pacientes con artritis reumatoide cambie de tratamiento en un periodo de 2 años, cada vez más hacia un tratamiento biológico. Esta puede ser, por ejemplo, una oportunidad para la introducción de biosimilares. En este punto deben imperar el sentido común y el trabajo colaborativo entre diferentes actores dentro de los hospitales para, entre todos, por un lado, no perder la ventaja que ofrece el desarrollo de biosimilares pero, por otro, no generar una política de sustitución que puedan poner en riesgo la seguridad y la eficacia de los medicamentos o ponga en duda la consistencia del sistema.

El sector de los medicamentos es un sector muy regulado. La regulación es además tan sofisticada como el tipo de medicamento que se produce. En este sentido, solo se puede afirmar que cuando las agencias autorizamos un medicamento es porque garantizamos su calidad, seguridad y eficacia en las condiciones establecidas en la ficha técnica. El sistema, además, tiene mecanismos para detectar problemas y corregirlos. Repetir polémicas y discusiones que sobrevinieron con la aparición de los medicamentos genéricos, ahora con los biosimilares, sería un error para todos. Lo que sí es necesario es que pacientes y profesionales conozcamos y entendamos mejor estas reglas de juego.

Bibliografía

1.Rickwood S, di Biase S. Searching for terra firma in the biosimilars and non-original biologics market. Insights for the coming decade of change [consultado 17 Jun 2014]. Disponible en: http://imshealth.com/deployedfiles/imshealth/Global/Content/Healthcare/Life%20Sciences%20Solutions/Generics/IMSH_Biosimilars_WP.pdf.
2.Minghetti P, Rocco P, Cilurzo F, Vecchio LD, Locatelli F. The regulatory framework of biosimilars in the European Union. Drug Discov Today. 2012; 17:63-70.
Medline
3.Weise M, Bielsky MC, De Smet K, Ehmann F, Ekman N, Narayanan G, et al. Biosimilars-why terminology matters. Nat Biotechnol. 2011; 29:690-3.
Medline
4.Reichert JM, Beck A, Iyer H. European Medicines Agency workshop on biosimilar monoclonal antibodies: July 2 2009. 1. London: MAbs; 2009; 394-416.
5.Beck A, Reichert JM. Therapeutic Fc-fusion proteins and peptides as successful alternatives to antibodies. MAbs. 2011; 3:415-6.
Medline
6.Schneider CK, Vleminckx C, Gravanis I, Ehmann F, Trouvin JH, Weise M, et al. Setting the stage for biosimilar monoclonal antibodies. Nat Biotechnol. 2012; 30:1179-85.
Medline

 

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– La intolerancia al error y la cultura de la culpa.

La intolerancia al error y la cultura de la culpaLa intolerancia al error y la cultura de la culpa
La tolerancia cero para el error y la incertidumbre en medicina impulsa la cultura de sobrediagnóstico y del sobretratamiento.
Autor: Jerome R Hoffman, professor emeritus of medicine, Hemal K Kanzaria, Robert Wood Johnson clinical scholar Fuente: BMJ 2014; 349 doi: http://dx.doi.org/10.1136/bmj.g5702 Intolerance of error and culture of blame drive medical excess

Hay muchas razones por las que los médicos realizan demasiados estudios y sobretratamiento. Mucho se ha hecho hincapié en los incentivos financieros perversos que refuerzan ese comportamiento, así como en los esfuerzos de mercadeo comercial diseñados para crear una demanda de más pruebas, diagnóstico y tratamiento.1 2 3 4 5

Los médicos por sí mismos citan sobre todo el temor a las demandas judiciales por mala praxis como el motivo principal de esos  excesos. Pero se ha prestado menos atención a otros factores6 7 , ya sea a nivel individual o de la sociedad médica.

Creemos que la intolerancia hacia la incertidumbre y el error-entre los médicos, en la cultura médica, y en la cultura occidental en general- puede ser la razón más importante para que los médicos participen en excesos en su práctica. Ambos elementos (incertidumbre y error) necesitan ser enfrentados si queremos abordar el problema de los excesos de la llamada“demasiada medicina”. 8 9


La negación de la falibilidad médica

La creencia generalizada en la capacidad ilimitada de la ciencia médica es uno de una serie de mitos

“Errar es humano”, y un mínimo de error en un proceso de toma de decisiones tan complejas como la medicina aguda es inevitable. La mejor protección contra el daño del error es la búsqueda e identificación de errores y “cuasi accidentes” para que podamos crear sistemas para detectarlos o mitigarlos.10

La cultura médica de la vergüenza y la culpa, que puede conducir a los practicantes a negar y a ocultar los errores es, por lo tanto, contraproducente. Sin embargo, esta cultura ha sido una parte fundamental de la formación médica occidental durante generaciones. También ha alimentado la pretensión de que la medicina moderna se basa en la ciencia perfeccionada, que a su vez implica que cualquier error, y de hecho cualquier resultado adverso, representa unfracaso inaceptable. Esta pretensión también se le ha vendido al público.

La creencia generalizada en la capacidad ilimitada de la ciencia médica es uno de una serie de mitos, tanto en la cultura médica occidental moderna como en la sociedad en general, que sustentan nuestra demanda de resultados perfectos y nuestra falta de tolerancia para la morbilidad y mortalidad inevitables.

A los médicos se les enseña desde muy temprano en su capacitación a asumir la responsabilidad personal por cualquier “error” que se produzca, mientras que el “error” en su mayoría se ha redefinido como: “el resultado fue menos que ideal”; un mal resultado es por lo tanto algo que normalmente asume como reflejo de un mal proceso. Por otra parte, estamos programados a través de la socialización repetida a sentirnos culpables y avergonzadoscuando nuestros pacientes se ven perjudicados.

Nuestra resultante es la ambición de ser perfectos y la “búsqueda quijotesca de la certeza”11-ninguna de las cuales es remotamente posible- además de otros dogmas de la sociedad en gran medida incuestionados pero ciertamente muy cuestionables como: “más es mejor”, “la información es poder”, “la tecnología puede resolver todos nuestros problemas”, y, en última instancia,“la muerte es opcional”.


Papel de la medicina defensiva

Los médicos suelen afirmar que la medicina defensiva -definida como una desviación de la buena práctica médica por temor a la responsabilidad legal- es la principal causa de los excesos médicos.6 7

En un estudio bien realizado de una muestra aleatoria estratificada de médicos que ejercen en seis especialidades de alto riesgo, sobre 90% de los 824 médicos de Estados Unidos reconoció la participación en la medicina defensiva en su práctica.7 Esta perspectiva defensiva principalmente involucra pruebas diagnósticas y procedimientos innecesarios (59%), que se prescriban más medicamentos que lo indicado (33%), y que se deriven en consulta a los pacientes con más frecuencia de lo necesario (52%).7

En otro estudio reciente una encuesta entre médicos de emergencia de Estados Unidos, el 97% de los encuestados admitió ordenar estudios de imagen avanzados que ellos pensaban que eran médicamente innecesarios, afirmando que el temor a los litigios y el temor de perder un diagnóstico de baja probabilidad fueron los motivos primarios.6

Reformar las leyes de mala praxis puede ser necesario si queremos reducir el sobrediagnóstico y el sobretratamiento. Los sistemas médico-legales castigan los pecados de omisión con mucha más frecuencia que cualquier otro tipo de “error”, 12 lo que incentiva a “hacer más”, como una estrategia para reducir el riesgo legal.

Existe evidencia sustancial, sin embargo, de que la reforma de las leyes de negligencia estaría lejos de ser suficiente para impulsar este cambio. Los estudios que evalúan las reformas promulgadas en los EE.UU. para reducir el riesgo de litigios muestran que han tenido un efecto muy limitado en la práctica de una medicina defensiva y en los costos.13 14 15 16 17 18

Una de las investigaciones más ampliamente citadas en apoyo de la reforma encontró un 5-9% de reducción en los gastos médicos.19 Sin embargo, este estudio tiene un grado de generalización limitado, ya que se restringió a los pacientes hospitalizados de edad avanzada con enfermedad cardíaca grave a finales de 1980. Investigaciones posteriores con mayor validez externa han encontrado resultados contrarios. 17 18

Por otra parte, el temor de los médicos a la mala praxis podría no disminuir aun cuando las reformas legales hagan que el riesgo de una demanda sea objetivamente bajo.14 Además, la medicina defensiva y los excesos médicos existían claramente mucho antes de que la amenaza de la demanda por mala práctica fuera tan poderosa como lo es hoy, y también existe en muchos países en los que tal amenaza sigue siendo pequeña, incluso en países como Nueva Zelanda, que tienen un sistema sin culpa.20

Esto no significa que no haya necesidad de cambiar el sistema de mala praxis en los países como los Estados Unidos y otros con un enfoque similar. Estos sistemas jurídicos promueven una cultura de la culpa, independientemente de su grado de contribución a la subreutilización de recursos médicos.21

El riesgo proyectado de enfrentar una demanda por negligencia está lejos de ser trivial -es del 99% de los médicos de Estados Unidos en las especialidades de riesgo más alto y del 75% para aquellos en las especialidades de riesgo más bajo 22– y la conducta de los médicos se ve influenciada por el deseo de evitar esas dificultades y la carga emocional que se produce cuando se enfrenta una demanda judicial.

La carga financiera asociada con la medicina defensiva es también considerable. El estudio más riguroso estima que todo el sistema de responsabilidad médica cuesta US$ 55.6bn (34bn libras; € 43bn) al año, la medicina defensiva contribuye a más del 82% ($ 45 mil millones) de esta cantidad, en comparación con sólo el 18% de los costos directos de la indemnización pagos, gastos legales, y tiempo perdido tiempo de trabajo clínico. 23

A pesar de todo esto, el sistema estadounidense de negligencia médica, entre otros, no alcanza ninguno de sus principales objetivos –ni compensa adecuadamente a los pacientes que se lesionan como resultado de la negligencia ni restringe rutinariamente la práctica de los médicos que prestan una asistencia negligente.21 23 24 25 26



Acciones para cambiar las actitudes

Debido a que las creencias que impulsan los excesos médicos son casi fundacionales en la sociedad occidental moderna, no va a ser fácil de cambiar el comportamiento profesional. Ciertamente, sin embargo, debemos tratar de cambiar tanto los incentivos que actualmente premian el sobrediagnóstico y el sobretratamiento y los desincentivos de vergüenza pública y posibles demandas legales cada vez que un diagnóstico se “perdió” o un posible tratamiento no fue indicado.

Pero dada la evidencia de que la reforma de las leyes de mala praxis por sí sola no es probable que atenúe el sobrediagnóstico, también tenemos que examinar otras maneras de superar los motivos que facilitan una conducta de excesos médicos. Afortunadamente, varios de estos esfuerzos ya están en marcha.27

El Instituto Nacional para la Salud y la Excelencia Clínica (NICE) en el Reino Unido encabezó los esfuerzos iniciales, la formación de una lista de “no hacer” que consta de más de 950 prácticas que deberían abandonarse por completo o no utilizarlas de forma rutinaria.28 29

El Consejo Americano de Medicina Interna más recientemente iniciado la campaña “Elegir con prudencia o sabiamente” (Choosing Wisely) y más de 60 sociedades de distintas especialidades ya han identificado cada una una lista de las cinco principales pruebas de bajo valor, tratamientos o servicios comunes en su disciplina.30

Un grupo del departamento del gobierno australiano de salud ha identificado de manera similar 156 prácticas potencialmente inseguras, ineficaces o inadecuadas que cotizan en los beneficios de Medicare del país.31

Aunque estas iniciativas no tratan específicamente con la intolerancia a la incertidumbre, son un primer paso hacia la reducción encomiable del uso excesivo derivado de las demandas culturales de perfección en la práctica médica.

Otros intentos para integrar estos esfuerzos en medidas de rendimiento para los médicos podrían aumentar su efectividad.32 Los esfuerzos de difusión de las revistas médicas, incluyendo la campaña “Menos es Más” (Less is more) de JAMA Medicina Interna y la campaña“Demasiada medicina” (Too Much Medicine) del BMJ (http://www.bmj.com/too-much-medicine), así como las conferencias “Prevenir el Sobrediagnóstico” recientemente iniciadas (www.preventingoverdiagnosis.net), también ayudarán en este sentido.

Involucrar a los pacientes

Otro enfoque para ayudar al cambio en la conducta de los médicos ha sido involucrar a los pacientes en el proceso de toma de decisiones médicas. Aunque el objetivo principal de la toma de decisiones compartida es la de incorporar los valores y preferencias del paciente en las decisiones de salud, esto requiere del paciente la capacidad para comprender la incertidumbre inherente a cada perfil de daño / beneficio.33

Varios estudios han demostrado que las ayudas en la decisión conjunta y los programas de toma de decisiones compartidas puede producir menores costos de salud y mantener una atención de alta calidad, por ejemplo reduciendo la elección de la cirugía discrecional y agresiva para los pacientes con dolor de pecho.34 35 36

Cambiar una cultura

Pero tenemos que ir más allá de estas ideas y empezar a cambiar la cultura de la medicina, e incluso la cultura más amplia de la sociedad. Esto nos exige ser más abiertos acerca de la inevitabilidad del fracaso, e incluso del error, y el fomento hacia la profesión y al público de reconocer y empezar a definir un tipo de “error aceptable”.

Los médicos han disfrutado durante mucho tiempo un enorme respeto por parte de los públicos y, a pesar de nuestras protestas en contrario, han disfrutado de ser considerados casi como un dios, hasta el momento en que nos preguntamos por qué se nos acusa de no ser capaces de hacer milagros.

Aunque hay que estar realmente dispuestos a renunciar a pretensiones de omnipotencia, debemos seguir dando la bienvenida a la autoridad moral que nuestra sociedad continúa depositando sobre nosotros y utilizarla para educar a los demás y al público acerca de que:

  • Poner un hombre en la luna es mucho más fácil que prevenir el quiebre del cuerpo humano.
  • La “información” fuera de un contexto clínico apropiado, o la información que no entendemos, es más probable que causen daño que beneficio.
  • La “detección temprana de la enfermedad” no siempre se traduce en mejores resultados orientados al paciente.
  • MÁS, ciertamente no es siempre MEJOR.
  • Fuente. IntraMed.

 

– ¿Es la pérdida de peso ‘lenta y constante’ de verdad el mejor método?

¿Es la pérdida de peso ‘lenta y constante’ de verdad el mejor método?
Un estudio sugiere que algunas personas con sobrepeso podrían tener mejores resultados con unas dietas más agresivas.

Robert Preidt

Un estudio australiano arroja dudas sobre la idea de que un método más gradual para perder peso sea siempre el camino más efectivo.

El estudio también halló que si se elige una dieta “relámpago” o algo un poco más lento, el ritmo con que se pierde el exceso de peso no tiene que ver con si el peso se recupera o no.

Los hallazgos aparecen en la edición del 15 de octubre de la revista The Lancet Diabetes & Endocrinology.

“En todo el mundo, las directrices recomiendan una pérdida de peso gradual para el tratamiento de la obesidad, lo que refleja la idea muy común de que el peso que se pierde rápido se recupera con una mayor facilidad”, señaló en un comunicado de prensa de la revista la autora líder del estudio, Katrina Purcell, dietista de la Universidad de Melbourne, en Australia.

Pero el nuevo estudio muestra que “es más probable que se alcance una meta de perder el 12.5 por ciento del peso, y la tasa de abandono es más baja, si se pierde peso con rapidez”, aseguró Purcell.

Las directrices actuales recomiendan una pérdida de peso lenta y constante con la creencia de que es más probable que ayude a las personas a mantener el peso bajo control que una pérdida de peso rápida.

El estudio incluyó a 200 personas obesas que se asignaron al azar a un programa de pérdida de peso gradual de 36 semanas, en que consumían 500 calorías menos al día, o a un régimen de pérdida de peso rápida de 12 semanas con una dieta muy baja en calorías, de 450 a 800 calorías al día.

En total, el 81 por ciento del grupo de pérdida rápida de peso y el 50 por ciento del grupo de pérdida gradual de peso perdieron más del 12.5 por ciento de su peso corporal. Tras esa pérdida de peso, los participantes se asignaron a una dieta de “mantenimiento” del peso durante tres años.

Las personas de ambos grupos recuperaron alrededor del 71 por ciento del peso perdido para el final de los tres años, independientemente de qué tan rápido hubieran rebajado, comentaron los investigadores.

Los hallazgos del estudio tienen varios motivos posibles, dijeron los investigadores. La ingesta muy limitada de carbohidratos de una dieta muy baja en calorías (el tipo usado para perder peso con rapidez) podría causar una mayor sensación saciedad, y reducir la ingesta de alimentos al obligar al cuerpo a quemar grasa.

Esa actividad de quema de grasa hace que el cuerpo libere unos productos derivados conocidos como cetonas, que suprimen el hambre, dijeron los investigadores.

La pérdida rápida de peso también podría motivar a las personas a seguir con la dieta y lograr unos niveles más altos de pérdida de peso, añadieron.

El estudio “indica que para perder peso, un método lento y constante no es el ganador, y el mito de que una pérdida rápida de peso se asocia con una recuperación rápida de peso no es más verdadero que una fábula de Esopo”, escribieron en un comentario que acompaña al estudio Corby Martin y Kishore Gadde, del Centro Pennington de Investigación Biomédica en Baton Rouge, Luisiana.

“Los profesionales clínicos deben tomar en cuenta que los distintos métodos para perder peso podrían ser adecuados para distintos pacientes… y que los esfuerzos por controlar la velocidad de la pérdida inicial de peso podrían, en última instancia, impedir el éxito en la pérdida de peso”, advirtieron Martin y Gadde.

Christopher Ochner es profesor asistente de pediatría y psiquiatría en la Escuela de Medicina Icahn en Mount Sinai, en la ciudad de Nueva York. Afirmó que el estudio estuvo “muy bien hecho” con unos “resultados sólidos”, pero dijo que quizá no tome en cuenta la psicología humana.

“Las recomendaciones para la pérdida gradual de peso no se basan en la suposición de que el ritmo de la pérdida de peso afecte a la proporción de recuperación del peso [tras la dieta], sino en la suposición de que el ritmo de pérdida de peso afecta la duración del periodo antes de que la típica ‘fatiga de la dieta’ comience”, planteó.

“Ese es el momento en que las personas típicamente dejan la dieta y vuelven a sus hábitos de alimentación anteriores, lo que hace que recuperen el peso”, señaló Ochner.

“En última instancia, la respuesta no es un tipo particular de dieta, sino realizar unos ajustes saludables de por vida en los hábitos de alimentación”, enfatizó.

Pero una experta dijo que el estudio podría respaldar unos métodos más rápidos para perder peso en algunas personas.

La Dra. Caroline Messer, endocrinóloga del Hospital Lenox Hill en la ciudad de Nueva York, cree que “según estos hallazgos, los profesionales clínicos deben considerar un programa rápido para perder peso como una estrategia posible para algunos pacientes”.


FUENTES: Caroline Messer, M.D., endocrinologist, Lenox Hill Hospital, New York City; Christopher Ochner, Ph.D., assistant professor of pediatrics & psychiatry, Mount Sinai Adolescent Health Center, Icahn School of Medicine at Mount Sinai, New York City; The Lancet Diabetes & Endocrinology.